
¡Buenas noches!
Aquí me encuentro, como cada noche, [parece que me lo voy a tomar en serio...] después de un día agotador. Acabo de llegar a casa, los lunes son así.
Hoy por teléfono mi madre me ha preguntado, ¿Has tenido un buen día? La verdad es que en la milésima de segundo que he pensado, no sabía que decir, al final, como siempre, he dicho: bueno, como siempre.
Y aunque diga como siempre, ningún día es como siempre, mi dinámica sí, pero no la realidad, como siempre no: porque hoy un paciente ha sonreído, por primera vez, porque por fin, el otro ya habla con más gente, porque ese nano ya no está tan estereotipado, porque, porque, porque....porque en realidad, aunque siempre es como siempre, nunca es como siempre, porque aquí, cada cosa, cada mueca, cada mirada, cada sonrisa es un mundo.
Y hoy, para mi, lo más bonito del mundo es ver a ese nano que casi ni se mantiene en pie, reírse sólo, sin saber porqué, como si nada importase, nada más que este instante, este momento, esta sensación que me hace reír. Reírse, como si todo estuviese perfecto, cuando su mundo es el más imperfecto. Reírse, sin importar el segundo siguiente.
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